
Si alguna vez has sentido que tu mente está saturada, que no te concentras o que no puedes avanzar con tus tareas, puede que el problema no sea solo interno, sino también externo: tu entorno físico.
La forma en que organizamos (o dejamos desordenado) nuestro espacio tiene efectos que van más allá de la estética. La ciencia sugiere que el orden puede ser una herramienta real para reducir la carga mental y mejorar el bienestar.
¿Qué ocurre cuando estamos rodeados de desorden?
El desorden como “ruido” cognitivo.
Cuando un espacio está desordenado, no solo hay objetos fuera de lugar: existe una competencia entre todos esos estímulos por captar nuestra atención. Desde un punto de vista neurológico, nuestro cerebro destina recursos para filtrar cada elemento que aparece en el campo visual, incluso si no somos conscientes de ello. Esto puede provocar que la actividad mental dedicada a una tarea se diluya entre múltiples distracciones simultáneas.
Esta competencia dentro del sistema visual y la corteza prefrontal, el área del cerebro relacionada con la toma de decisiones y la atención, puede disminuir la capacidad cognitiva disponible para tareas importantes, como concentrarse o resolver problemas complejos.
Orden y estrés: una relación medible.
La respuesta del cuerpo frente al entorno desorganizado.
Varias investigaciones han encontrado que vivir o trabajar en ambientes con muchos estímulos sin estructura, es decir, desordenados, puede provocar la respuesta fisiológica al estrés. Uno de los marcadores más estudiados en este contexto es el cortisol, una hormona que se eleva cuando el organismo percibe tensión prolongada.
Estudios han reportado que personas que pasan tiempo en espacios desordenados tienden a mostrar niveles más altos de cortisol que aquellas que viven en entornos más organizados, lo que indica que el cuerpo interpreta (aunque de forma sutil) el desorden como un factor estresante.

Atención, toma de decisiones y claridad mental.
Menos distracciones, más capacidad mental.
Cuando reducimos los estímulos irrelevantes en el entorno, liberamos recursos mentales para actividades cognitivas de alto nivel. Esto no significa que un espacio impecable cure trastornos mentales como la depresión, pero sí sugiere que un entorno ordenado facilita la concentración y la toma de decisiones eficientes.
Además, los espacios organizados parecen permitir que se reduzca el esfuerzo requerido para procesar información visual, lo que puede traducirse en una mejora tangible en el rendimiento de tareas que requieren concentración.
El equilibrio entre orden y creatividad.
¿Siempre es mejor tener todo impecable?

Es importante no caer en la simplificación de que el orden absoluto es siempre la mejor opción. Algunas investigaciones muestran que el desorden puede, en ciertos contextos, ofrecer ventajas creativas para tareas donde se busca la generación de ideas originales. El punto clave aquí es contextualizar el tipo de actividad: la organización apoya mejor la productividad sistemática, mientras que un espacio más libre de reglas puede estimular procesos creativos específicos.
Esto implica que la organización no debe verse como una regla rígida sino como una estrategia adaptativa: puede ser más útil en actividades que requieren mayor atención y menor en aquellas donde se busca un pensamiento divergente.
Cómo la organización facilita hábitos mentales saludables.
Orden fuera, calma dentro.
Al establecer sistemas simples de organización, como clasificar espacios de trabajo, etiquetar objetos o definir zonas de uso, no solo reducimos estímulos irrelevantes, sino que también facilitamos procesos mentales internos como priorizar, recordar y planificar tareas futuras.
Por ejemplo, separar áreas para trabajo, descanso y ocio ayuda al cerebro a asociar actividades con contextos específicos, lo que puede disminuir la sensación de agotamiento mental al cambiar de tarea. Asimismo, el orden digital, como organizar correos y archivos, replica este efecto en el plano cognitivo moderno
Conclusión:
La organización del entorno no es una moda ni un método mágico para solucionar todas las dificultades mentales. Sin embargo, existe una evidencia científica que respalda que ambientes estructurados reducen la carga cognitiva, disminuyen el estrés fisiológico y apoyan la concentración y la eficiencia.

El verdadero beneficio del orden no radica en perseguir la perfección, sino en crear contextos que permitan que nuestra mente dedique su energía a lo que realmente importa: nuestros objetivos, nuestras relaciones y nuestro bienestar general.
Ana Araújo – 1ª Organizadora Profesional de Espacios Certificada en Desorganización Crónica (N1) en Español por ICD®. Madrid, España.
Organizadora Profesional | Fengshui | Cambios Vitales
Instagram: @anaaraujo.organizer

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